Gotas de tinta y tragos de alcohol para ocultar
el porqué del gemido de un corazón inválido y desprotegido.
Imágenes obscenas, nubes de odio, lágrimas abrumadoras y
palabras encruzijadas.
Abolición. Una fórmula repetitiva y constante en el ser que
impone y exije una respuesta.
Botellas vacías, la solicitud de un vago que implora por
anomalías. Alguna esperanza. Una señal de vida.
Siguiente página, una vela más que se extingue. El recuerdo
enmarañado regresa; una botella más, habrá que ahogarlo de
alguna manera.
Gritos desesperados, una lucha interminable de sus demonios,
una historia más en la cuna de las angustias. Su fórmula despectiva de amargura.
La llamarada que cual fénix renace de su ceniza.
Añoranza. Anhelo. Lujuria y exceso.
Siguiente pieza, por favor.
¡Tráeme más vino, más velas, y si, más vino, que la noche
va empezando y su rostro no lo olvido!
¡Inúndame de amoríos!
Permíteme desbaratarlos de la forma en que me hirieron, de
la forma en que lo hizo.
¡Escuchadme! escuchadme...
Maniquí iluso, otros deciden como usarte.
Gotas de tinta que se convierten en río.
Una copa derramada y el fuego engrandece,
cauterizando una herida.
Una más...
Tan sólo sirveme una copa más. Aún siento mi cuerpo,
aún siento el dolor, tengo su olor en la memoria.
Dame más, alojalo en mis venas.
Un silencio penetrante. Olvido que te tengo en la piel.
Olvido aquel sentimiento. Retraigo el sabor de tus besos
y manejo la intensidad de mis deseos.
Cierro los ojos y te entierro.
Cierro los ojos.
Tan sólo los cierro.









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